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Clases de ciberestafas: Estos son los fraudes digitales más comunes, sofisticados y peligrosos

Técnicas, víctimas, consecuencias, prevención… Este artículo sobre las distintas clases de ciberestafas analiza todo lo que debes saber sobre el tema

«Transferí 6.500 euros creyendo que hablaba con mi hijo. Usaron su foto, su tono, incluso una historia creíble sobre un robo. No era él». Este testimonio real, recogido en España, describe una de las clases de ciberestafas que ocurren cada día en España. Por supuesto, también a nivel global.

A través de técnicas como la suplantación por WhatsApp o el uso de inteligencia artificial, los delincuentes logran crear escenarios tan realistas que incluso personas informadas pueden caer. En un entorno cada vez más digital, conocer las clases de ciberestafas y los métodos que emplean los ciberdelincuentes es vital para proteger nuestra identidad, nuestro dinero y nuestra privacidad. Desde el phishing hasta los deepfakes o la ingeniería social más básica, la evolución del fraude online exige mayor atención, formación y tecnología defensiva.

Este artículo aborda todas estas cuestiones…

¿Qué modus operandi siguen los autores de robos de credenciales y contraseñas?

El robo de credenciales es una de las piedras angulares de muchas clases de ciberestafas. Los atacantes combinan ingeniería social, explotación técnica y manipulación psicológica para obtener acceso a información crítica. Los métodos más habituales incluyen:

  • Phishing (suplantación de identidad): Continúa siendo el vector de ataque dominante. Los atacantes envían correos, mensajes SMS (smishing) o llamadas telefónicas (vishing) simulando ser entidades legítimas (bancos, plataformas de pago, servicios en la nube) con el fin de obtener credenciales de acceso. Utilizan técnicas de personalización avanzada, suplantación de dominios (typosquatting, homograph attacks), e incluso inteligencia artificial generativa para crear contenidos convincentes. Reclamar un fraude bancario por teléfono puede convertirse en un infierno aunque la jurisprudencia más reciente ha salido en auxilio del consumidor.
  • Malware de robo de credenciales: Los infostealers como RedLine, Raccoon o Vidar son distribuidos mediante campañas de malspam, descargas maliciosas o drive-by downloads. Estos malware son capaces de extraer credenciales almacenadas en navegadores, clientes FTP, VPNs, wallets de criptomonedas y aplicaciones de mensajería.
    Existen programas maliciosos especializados, conocidos como infostealers, que se infiltran en el dispositivo del usuario y extraen credenciales almacenadas en navegadores, aplicaciones de mensajería, clientes VPN, carteras de criptomonedas o programas que se utilizan gestionar archivos en servidores (clientes FTP, File Transfer Protocol). Algunos de los más utilizados son RedLine, Raccoon o Vidar. Estos malware se suelen distribuir a través de correos con archivos adjuntos (malspam), descargas desde webs maliciosas (drive-by-downloads) o falsas actualizaciones de software.
  • Ataques a gestores de contraseñas y bases de datos de autenticación: La explotación de vulnerabilidades en sistemas de almacenamiento de contraseñas, como los password managers, o la obtención de hashes de contraseñas mediante accesos no autorizados a sistemas comprometidos, permiten a los atacantes realizar ataques de cracking offline (fuerza bruta, diccionario, rainbow tables).
    La explotación de vulnerabilidades en sistemas de almacenamiento de contraseñas, como los password managers, o la obtención de hashes de contraseñas mediante accesos no autorizados a sistemas comprometidos, permite a los atacantes intentar descifrarlas sin necesidad de interactuar con el sistema original. Este proceso se conoce como cracking offline e incluye técnicas como la fuerza bruta (probar todas las combinaciones posibles), el uso de diccionarios (listas de contraseñas comunes o probables), o el empleo de rainbow tables, que son tablas diseñadas para acelerar este proceso mediante la comparación de hashes robados con valores precalculados.
  • Ataques de ingeniería social avanzada: Técnicas como el pretexting (crear un escenario creíble para obtener información), el baiting o la manipulación psicológica (ingeniería social profunda) son utilizadas para obtener acceso directo de las propias víctimas. La ingeniería social se ha convertido en una de las clases de ciberestafas más comunes.
    A través de técnicas como el pretexting (crear un contexto falso pero creíble, como una llamada de soporte técnico), el baiting (utilizar un elemento atractivo como gancho, por ejemplo, un USB “olvidado” que contiene malware) o una manipulación psicológica prolongada (deep social engineering), los atacantes consiguen que las víctimas entreguen voluntariamente sus credenciales o autoricen accesos indebidos
  • Credential Stuffing: Aprovechan listas de credenciales filtradas de otras brechas para automatizar intentos de acceso en servicios masivos, sabiendo que muchos usuarios reutilizan contraseñas.

En el cibercrimen moderno, estos métodos suelen combinarse, generando ataques altamente sofisticados y persistentes.

¿Cómo se materializa una filtración de datos a gran escala?

Las filtraciones masivas de datos están detrás de muchas clases de ciberestafas modernas. Ocurren cuando terceros no autorizados, es decir, personas o grupos que no tienen permiso para acceder a sistemas donde se almacena información sensible, logran entrar y extraer datos para venderlos o publicarlos. El alcance y el daño que pueden causar estas brechas varía en función de varios factores.

Uno de ellos es la superficie comprometida, que puede incluir servicios en la nube mal configurados que, si no están protegidos correctamente, pueden dejar al descubierto grandes cantidades de datos. También forman parte bases de datos expuestas, APIs vulnerables o incluso redes internas comprometidas dentro de una organización.

El volumen de datos es otro factor fundamental. Las filtraciones pueden afectar desde cientos de miles hasta miles de millones de registros. Para ponerlo en perspectiva, casos como las filtraciones de Yahoo, que comprometieron 3.000 millones de cuentas, o la de LinkedIn con 700 millones, demuestran que estas brechas pueden afectar a un numero muy elevado de usuarios a nivel global.

Además, no se trata solo de correos electrónicos y contraseñas. La información expuesta puede incluir datos personales (PII), documentos confidenciales, números de tarjetas bancarias, historiales médicos o datos biométricos. Estos datos se convierten en activos muy valiosos para mercados ilegales de la dark web, para ser utilizada en fraudes, suplantaciones de identidad o extorsiones.

Un ejemplo es el double extortion en ataques de ransomware, donde los atacantes además de bloquear el acceso a los datos mediante un secuestro digital, amenazan con publicar la información si no se paga la cantidad solicitada.

Técnicamente, las filtraciones masivas son el resultado de fallos básicos de seguridad, como el uso de contraseñas por defecto, la falta de segmentación en la red o la ausencia de actualizaciones, y ataques muy sofisticados conocidos como APT (Advanced Persistent Threats). Esta combinación explica por qué la protección efectiva requiere medidas tanto simples como avanzadas, y por qué es fundamental contar con especialistas que entiendan y aborden todos estos niveles de amenaza.

Una filtración de datos a gran escala es el resultado de un acceso no autorizado a sistemas que almacenan información sensible, seguido de su exfiltración, venta o publicación. El impacto de estas brechas varía en función de:

  • Superficie comprometida: Servicios en la nube mal configurados (por ejemplo, buckets S3 de AWS sin protección), bases de datos expuestas, APIs vulnerables o redes internas comprometidas.
  • Volumen de datos: Las filtraciones recientes alcanzan magnitudes masivas: desde cientos de miles hasta miles de millones de registros. Filtraciones como las de Yahoo (3.000 millones de cuentas), LinkedIn (700 millones) o más recientemente MOVEit (con cientos de empresas afectadas globalmente) ilustran el alcance potencial.
  • Tipo de datos expuestos: Las filtraciones no solo exponen correos y contraseñas, sino también datos personales (PII), documentos confidenciales, números de tarjetas bancarias, historiales médicos o datos biométricos.
  • Reventa y uso posterior: Los datos robados suelen acabar en mercados de la dark web, ser empleados en campañas de phishing, fraudes de identidad o extorsiones (double extortion en ransomware).

Técnicamente, las filtraciones masivas son el resultado tanto de fallos de seguridad básicos (contraseñas por defecto, falta de segmentación de red, falta de actualizaciones), como de ataques APT (Advanced Persistent Threats) altamente sofisticados.

¿Qué ciberestafas son más habituales? ¿Cuáles son más raras de ver?

Dentro de las múltiples clases de ciberestafas, algunas son muy comunes, mientras que otras, aunque más raras, están creciendo en frecuencia y sofisticación.

Ciberestafas habituales:

  • Phishing financiero: Suplantación de bancos, servicios de pago o entidades públicas para robar credenciales y datos bancarios. Reclamar al banco por phishing ahora es más fácil.
  • Fraude de comercio electrónico: Tiendas falsas, ofertas irreales, marketplaces fraudulentos.
  • Fraude de soporte técnico: Falsas alertas de virus o problemas informáticos para obtener acceso remoto o pagos.
  • BEC (Business Email Compromise): Suplantación de ejecutivos o proveedores para desviar transferencias de empresas.
  • Fraudes en redes sociales: Ofertas de trabajo falsas, inversiones inexistentes, suplantación de perfiles verificados.
Las filtraciones masivas de datos están detrás de muchas clases de ciberestafas modernas

Ciberestafas más raras (pero emergentes):

  • Deepfake scams: Manipulación audiovisual para suplantación de identidades en entornos corporativos.
  • Fraude por QR code: Códigos QR maliciosos que redirigen a páginas fraudulentas o instalan malware.
  • SIM swapping: Robo de números de teléfono móvil para interceptar códigos de autenticación 2FA. En caso de sufrir una ciberestafa de esta naturaleza, la devolución por SIM swapping es es más fácil tras la reciente sentencia del Tribunal Supremo.
  • Ataques de intermediación de pagos (Man-in-the-middle financiero): Manipulación de conexiones seguras durante transacciones.

¿Cuáles son difíciles de detectar y cuáles son más fáciles?

La sofisticación del ataque determina lo difícil que puede resultar identificarlo a tiempo. Algunas clases de ciberestafas se camuflan mejor que otras.

La sofisticación del atacante y la concienciación de la víctima son factores decisivos en la detectabilidad de una estafa. Algunas ciberestafas realmente son más difíciles de detectar que otras, dependiendo de su grado de sofisticación:

Más difíciles de detectar:

  • BEC avanzado: Los correos provienen de cuentas legítimas ya comprometidas.
  • Fraudes de ingeniería social en tiempo real: Llamadas o chats con operadores falsos que manipulan psicológicamente a la víctima.
  • Ataques a la cadena de suministro – Supply Chain: Infiltración a través de proveedores de software o terceros.
  • Deepfakes y suplantación biométrica: Especialmente cuando los controles de autenticación son insuficientes.

Más fáciles de detectar:

  • Phishing masivo mal ejecutado: Errores ortográficos, URLs mal formadas o remitentes no verificados.
  • Tiendas fraudulentas evidentes: Ausencia de certificaciones de seguridad, precios muy bajos o ausencia de política de devoluciones.
  • Correos de extorsión genéricos: Mensajes no personalizados que amenazan con revelar información inexistente.

¿Cómo de informada está la ciudadanía?

Aunque el conocimiento sobre las clases de ciberestafas ha mejorado, la brecha digital y la falta de formación sigue siendo un gran problema.

Mientras que los usuarios más avanzados o con perfil técnico, como profesionales del sector IT, suele identificar mejor las amenazas y adoptar medidas como gestores de contraseñas, autenticación multifactor (MFA) y otras buenas prácticas, gran parte de la población sigue siendo vulnerable.

Aunque el término phishing cada vez es más conocido, muchos usuarios siguen cayendo en trampas sofisticadas, especialmente cuando involucran emociones como el miedo, la urgencia, recompensas o la expectativa de obtener algún tipo de recompensa. Con todo, es cierto, que cada vez más ciudadanos dan el paso de reclamar un fraude bancario.

Por eso es tan importante promover una formación continua, ya que los métodos de los atacantes evolucionan más rápido que las campañas de concienciación tradicionales. La formación continua, acompañada de simulaciones prácticas de ataques, es la vía más efectiva para mejorar la resistencia social al fraude digital.

La ciudadanía ha mejorado su nivel de concienciación en los últimos años, pero sigue existiendo una amplia brecha:

  • Usuarios avanzados o profesionales IT: Mayor capacidad de identificación de amenazas, uso de gestores de contraseñas, MFA (autenticación multifactor) y buenas prácticas.
  • Ciudadanía general: Aunque el término «phishing» es cada vez más conocido, muchos usuarios siguen cayendo en trampas sofisticadas.
  • Falta de formación continua: La rápida evolución de los métodos de los atacantes supera la capacidad de las campañas de concienciación tradicionales.

La formación continua, acompañada de simulaciones prácticas de ataques, es la vía más efectiva para mejorar la resistencia social al fraude digital.

¿Qué franja de edad es más susceptible de verse involucrada en ciberestafas? ¿Por qué?

La exposición a las diferentes clases de ciberestafas varía según la franja de edad, en función del uso que cada grupo hace de la tecnología en su día a día y de su nivel de familiaridad con la tecnología. Desde nuestra experiencia, observamos los siguientes patrones:

  • Personas mayores (a partir de 60 años): Suelen tener menor conocimiento de los riesgos tecnológicos, lo que les hace más propensos a caer en fraudes como falsos soportes técnicos, suplantaciones de organismos públicos, o mensajes que aparentan ser de familiares. Además, es menos frecuente que utilicen medidas de protección avanzadas al no estar familiarizados con los riesgos existentes.
  • Adultos (de 30 a 50 años): Son un objetivo frecuente en ataques como el phishing corporativo, estafas bancarias o fraudes del tipo BEC, en especial, cuando su trabajo implica gestionar información financiera o empresarial
  • Jóvenes (entre 18 y 30 años): A pesar de su familiaridad con la tecnología, son especialmente vulnerables a fraudes en redes sociales, estafas relacionadas con criptomonedas e inversiones, así como a ofertas laborales fraudulentas y otros engaños relacionados con posibles oportunidades económicas.

    Manuel Blanco
    Manuel Blanco
    Junto letras desde 1993. Hoy más que nunca, el mundo necesita periodismo.

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