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Separación, la duración de la jornada laboral y la desconexión digital

Separación es una serie que pone el foco en la relación entre tecnología y desconexión digital, así como en las jornadas laborales abusivas

¿Te imaginas no tener que trabajar, pero a la vez ocupar un puesto de trabajo bien remunerado? Los profesionales de Lumon pueden hacerlo gracias a una tecnología que desdobla su consciencia en dos: por un lado, está el fueri, que gobierna el cuerpo fuera de la empresa y, por otro, el dentri, que toma el control durante la jornada laboral.

Así arranca Separación (Apple TV), una distopía que aborda de una forma novedosa un concepto del que se ha escrito largo y tendido en la última década: la desconexión digital. Así como uno de los grandes debates políticos, sociales y económicos del 2025 en España: la reducción de la jornada laboral. Además, al confrontar a Separación con algunos programas de control horario que ya existen, descubrimos que lo distópico ya no difiere tanto de lo real.

Separación, una metáfora sobre la desconexión digital a medio camino entre la distopía y la realidad

En el caso de Separación, la desconexión digital es imposible. Básicamente porque los trabajadores no existen más allá de las paredes de su oficina. No es que sean profesionales explotados, es que son, directamente, esclavos.

Lumon utiliza la tecnología como herramienta para construir una refinada e innovadora forma de esclavitud laboral: una persona no tiene que trabajar en absoluto y, a cambio, una variante de sí misma no puede hacer nada más que trabajar.

Así, a través de los cuatro miembros de un equipo centrado en «refinar» datos, descubrimos la vertiente más salvaje de la imposibilidad de desconectarse del trabajo: personas cuya existencia transcurre única y exclusivamente dentro de la sede de su empresa. Almas que no pueden vivir fuera de su puesto de trabajo porque su cuerpo deja de ser suyo.

¿Es tan distinto lo que sucede en Lumon de lo que pasa en otras empresas? Personas contestando a mails, WhatsApps y llamadas telefónicas durante todo el día, jornadas maratonianas que no respetan el máximo legal…

El registro horario y la duración de la jornada laboral, en el punto de mira de Trabajo

A principios de 2023 se dio a conocer que la Inspección de Trabajo estaba investigando a las cuatro grandes consultoras que operan en nuestro país, Deloitte, EY, KPMG y PwC, para comprobar si cumplían con sus obligaciones en materia laboral. En septiembre de ese mismo año se informó que habían recibido 1,4 millones de euros en sanciones por:

  • No contar con un sistema de registro horario.
  • Obligar a sus trabajadores a realizar jornadas que exceden el máximo legal que, actualmente, es de 40 horas semanales.

Este llamativo caso no es una excepción. Aunque en 2019 se instauró el registro horario obligatorio, su aplicación en las empresas ha sido deficiente y ha generado múltiples conflictos entre trabajadores y compañías.

Sin ir más lejos, hace unos días la Audiencia Nacional emitió una sentencia pionera sobre el sistema de acceso al registro horario. Es decir, el mecanismo o protocolo que debe implementar una empresa para que los trabajadores y los sindicatos puedan consultar los registros de jornada.

La AN aclaró que dicho sistema no debe de ser inmediato para cumplir con la ley, pero desde luego sí se deben registrar las horas ordinarias y extra y permitir su consulta.

Las disputas en torno al derecho a la desconexión digital de los trabajadores son más difusas, porque dicho derecho está regulado de manera deshilachada en varias leyes y más allá de que las empresas han de contar con un protocolo de desconexión digital, no existen obligaciones rotundas, lo que dificulta la persecución de los incumplimientos.

Por todo ello, ya ha llegado al Congreso el proyecto de Ley de reducción de la jornada laboral que busca:

  • Reducir la jornada máxima a 37,5 horas semanales, dos horas y media menos de las 40 horas actuales.
  • Obligar a las empresas a usar programas de registro horario electrónico para que:
    • Sean los trabajadores los que se encarguen de sus fichajes.
    • Los registros no se puedan modificar sin un motivo y sin que quede rastro.
    • La Inspección de Trabajo pueda acceder en remoto a los registros para detectar incumplimientos legales.
  • Aclarar el derecho a la desconexión digital y aumentar las obligaciones de las empresas.

Habida cuenta de que la norma aún no ha comenzado su trámite parlamentario y que el Gobierno carece, a priori, de una mayoría para sacarla adelante, en los próximos meses viviremos una intensa negociación a este respecto.

Separación aborda el derecho a la desconexión digital desde una óptica sorprendente
© Apple TV

La lucha de los dentris de Separación por no vivir para trabajar y de los fueris por librarse del sufrimiento de vivir

El casi medio millón de trabajadores españoles que hacen horas extra sin que les sean compensadas con días de descanso o salario pueden consolarse con que al lado de los dentris de Separación viven en el paraíso: todos los días pueden volver a sus casas y disfrutar de sus seres queridos.

Más allá del pequeño chascarrillo, lo cierto es que Separación nos alerta sobre el hecho de que la tecnología no tiene por qué servir para que tengamos que trabajar menos y seamos más libres.

Por eso, entre otras muchas cuestiones, Separación nos habla de la rebelión de los explotados, esos dentris traicionados por sus fueris y convertidos en mano de obra sumisa.

Paradójicamente, mientras los dentris no pueden desconectar de su trabajo, los fueris lo que buscan es desconectar de su vida. Una existencia que se ha convertido, en muchos casos, demasiado pesada. No ser ellos mismos durante la mitad del tiempo que están despiertos.

Unos buscan librarse de la esclavitud del trabajo y los otros de la peor cárcel, aquella en la que el carcelero es uno mismo que diría Franz Kafka.

La mención a Kafka no es baladí. Es evidente que Separación es una obra nítidamente kafkiana. Tanto El proceso como El castillo sobrevuelan la historia de un hombre, Mark, atrapado tanto en su vertiente fueri (por el dolor y las dudas que se ciernen sobre la muerta de su esposa) como en su variante dentro (en los muros físicos y mentales de una compañía-secta omnipresente).

Lo kafkiano no solo supura en la historia, sino también en la puesta en escena. La idea de laberinto del que no hay forma de escapar se traslada a unos decorados y a una dirección que consiguen descolocarnos constantemente y ocultarnos la geografía real en la que nos movemos, tanto dentro de una empresa inaccesible, como fuera a través de unos paisajes permanentemente nevados, anodinos y desasosegantes.

Solo hasta bien entrada la segunda temporada comenzamos a entender qué hace Lumon, por qué Mark es una pieza esencial para la empresa y qué oscuros objetivos tiene una compañía que conjuga capitalismo voraz con ideología mesiánica (aquí también resulta imposible no ver la crítica a las grandes tecnológicas y a los magnates que las dirigen, como Elon Musk).

En definitiva, Separación, como todas las grandes obras de ciencia ficción habla del presente y recurre a un futuro distópico que ni está tan lejos, ni resulta tan difícil de imaginar para hacernos reflexionar sobre el presente.

¿La tecnología va a abolir el trabajo o nos va a hacer más cautivos? Sea como fuere, es evidente que los derechos laborales van a tener que mutar en las próximas décadas para adaptarse a un mundo en constante evolución.

Luis Ogando
Luis Ogando
Soy periodista y Doctor en Comunicación e Industrias Creativas. En la actualidad, estudio el Grado de Derecho. En Lex Hoy desentraño las claves de las novedades legales y jurisprudenciales para ayudar a personas y ciudadanos a defender sus derechos.

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